Apostolado misionero

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La Iglesia peregrinante es, por su naturaleza misionera, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el propósito de Dios Padre. Por nuestro Bautismo y consagración religiosa, participamos del carácter misionero de la Iglesia y somos corresponsables de su misión universal, según las palabras del Señor: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”.
Evangelizar es anunciar y hacer presente la “Buena Nueva” que proclamó Jesús. Supone el reconocimiento de Dios como Padre, y la aceptación de que todos somos hermanos. Nuestra Madre Fundadora, llevada por el Espíritu Santo, envió Hermanas a anunciar el Evangelio entre los no cristianos. Y nosotras, guiadas por este mismo espíritu inicial, vamos donde la Iglesia nos necesita, y procuramos adaptarnos a la realidad de cada lugar en el que estamos, colaborando, en fraternidad y minoridad, para implantar y extender el Reino de Dios.